Consejos prácticos para áreas con problemáticas comunes

A lo largo del tiempo, el modo en que las empresas utilizan sus activos evoluciona a medida que cambian las condiciones del mercado. Los centros de distribución son un buen ejemplo de ello. Lo que antes era un lugar relativamente estático para el almacenamiento de grandes cantidades de mercancías durante períodos muy prolongados y a un alto coste, se ha convertido hoy en un entorno mucho más dinámico. Los costes han aumentado en todas las fases de la cadena de suministro. Mantener un stock demasiado elevado, con mercancías que no son necesarias de forma inmediata, se traduce en incidencias en las entregas y provocan costes de personal superiores a los realmente necesarios en procesos que requiere mucha mano de obra. Hoy en día, estas ineficiencias son inaceptables. En lugar de eso, el objetivo es suministrar las cantidades precisas “just in time” y en el lugar exacto donde son requeridas. Las prioridades son la precisión, la velocidad, la eficacia y la rentabilidad, y el papel del centro de distribución es facilitar el movimiento de las mercancías para maximizar dichas variables. Una investigación reciente de Intermec ha destacado que, en toda Europa, los responsables de los centros de distribución comparten un objetivo: lograr una disminución de costes. El 79% se asignaron a responsables senior para que identificaran cómo lograr beneficios inmediatos (quick wins) mejorando el procesado y envío de la mercancía. El estudio de Intermec hace hincapié en la importancia de determinar el ahorro de tiempo, que se ve reforzado por el título de su investigación - “Cada segundo cuenta”. En Europa, donde el coste de mano de obra es alto comparado con otras economías, ahorrar tiempo es clave para conseguir una reducción de costes rápida. Normalmente, se logra implementando pequeñas pero significativas mejoras en los procesos e invirtiendo en tecnología colaborativa.

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